21.9.07

Fue así como sucedió

Nací en la década del 80 del siglo pasado. Al poco tiempo me dieron una compañía que llenó mi infancia de buenos momentos y que curiosamente recién doy cuenta de lo importante que es, pues sin ella, sin su compañía, no sería yo. Curioso pero cierto. Mientras ello, me encontré con otras que al igual que yo crecimos sin prever lo que ocurriría después (ahora) y así, sin darnos cuenta el tiempo pasó veloz a nuestro lado. Sacando cuentas, desde ese momento a ahora, es más de una década.

Recuerdo que en esa época, la del colegio, mis prioridades eran otras, mi mirada era diferente. Sonrío por las imágenes que pasan ahora por mi mente, hasta puedo percibir esa sensación de que mañana me despertará mi madre, servirá mi desayuno y al terminar, con acidia levantaré mi maletín y correré con prisa al colegio. Recuerdo esa humedad de las mañanas en mi rostro, -recién en ese momento despertaba realmente- los pocos autos que veía antes de llegar a la puerta, a mis vecinos pasando con sus rostros recién lavados, con la bolsa de pan recién salido del horno, para tomar desayuno y a los infaltables gatos al voltear la calle, que al pasar no me daban tiempo para acariciarlos pues huían al mínimo acercamiento. Era allí cuando reparaba que tenía tan sólo tres minutos para correr y llegar a tiempo, pues llegar tarde y vivir a dos cuadras del colegio, ya me daba vergüenza.

Iniciaba mi día agradeciendo al de arriba, pues eso me inculcaron desde pequeña. No sé si era ya por costumbre o porque de verdad tenía la convicción que me escuchaba y lo daba por hecho. Lo cierto es que, al momento de entrar al salón de clases, había un convenio ya establecido desde primer día: cada uno tenía su carpeta reservada. Esto favoreció a que mis amigos fueran los mismos, por tanto a que mi mundo girara en torno a ellos, y que mis supuestos grandes problemas, eran sabidos por ellos también. Desde el muchacho que despertó algo en mí hasta el ocaso del matrimonio de mis padres. Compartimos también nuestras vivencias, las pocas experiencias de uno le servían a otro; los momentos de risas agónicas, que nos hacían hasta surtir lágrimas; chirigotas de momento, no sólo entre nosotros, hasta los profesores se prestaban. Así recuerdo, por lo menos, los tres últimos años de secundaria.

Sorprendentemente y de un momento a otro ya estaba en la universidad. Para mí fue así, pues hacía recién algunos meses atrás estaba en el colegio, con esos amigos que conocía muy bien y esos profesores que me llamaban por mi nombre para saludarme. Entraba a otro mundo, en el que ahora me encuentro. A partir de aquí, bueno a partir de hace dos años y medio, estoy formándome con sapiencia para ejercer la profesión y pues…aún no sé que vendrá.

Al igual que aquel instante de mi vida, no vaticino lo que pueda suceder en mí.
Pero esta vez, tengo ese gran deseo de seguir viviendo con ese alguien que
aparece una sola vez y sin precedentes, para llenarte de felicidad y enseñarte
mucho. Sin embargo, mi motivo, mi aliciente, sigue siendo el mismo: terminar mi
camino, mirar hacia atrás y sentirme bien de lo que hice y dejé de hacer, de mis
traspiés y mis aciertos y finalmente de lo que fui.

1 comentario:

Supremo Mensajero dijo...

Pues no se por que me recordo mis años mozos de secundaria, es muy padre atesorar todo aquello que fue alguna vez...

Me encanto su forma de escribir, es unica...conservela...

Un Saludo

I