14.9.09

¿Primavera, por qué serás tan jodida?

Así como hay momentos de júbilo, los hay de desgracias y creo que hasta allí todo se traduce en situaciones humanas y terrenales, obviamente que si de éstas tú no eres el autor ya vienen los problemas, los rechazos y los desacuerdos.

Probablemente hace algunos años atrás en mi vida no existía la palabra "pelea", "discusión", "celos", "desconfianza" quizás solo fueron inquilinos que fugaron sin dejar rastro, y en cierto modo me hicieron pensar que la relación que llevaba era la mejor del mundo. Sin embargo, unos tantos meses después, no se me hizo difícil romper con esos 3 años de relación de muchacha quinceañera. A pesar que esas cosas ya mencionadas aparecieron en la lista de causas, al pasar los meses el móvil de ese homicidio fue otro: No encontrar algo de qué sentirme orgullosa de mi pareja por esos años, a pesar que estaba estrenando mis 18 años, y quizás no era tiempo de proyectarse.

Y si no me fue tan difícil esta decisión, fue porque sin darme cuenta mis sentidos estaban sensibles hacia una nueva persona, que sin querer se presentó delante de mí y que yo auguré sería mi futuro compañero. Y no pues, no me equivoqué y así resultó, quizás porque algo de mí le llamó la atención en ese momento. Aunque la verdad, yo ya lo había mirado justamente la primera vez que fui a la universidad, y en esos pensamientos absurdos con mí misma me dije: "Será buen chico?, porque se ve muy lindo, espero conocerlo"

Pasaron los meses y sin darme cuenta, sin preguntármelo a mi misma, ya estaba enamorada de esta persona. Hasta ahora no entiendo cómo es que logró capturarme tan rápido, sin embargo, muchas veces he pensado que si fue así, fue porque algo tuvo que ver esa primera vez que cruzamos miradas.

Esos primeros meses fueron y serán los más intensos de mi vida. Interminables horas sin dejar de sentir esa presión respiratoria, interminables y quizás absurdas risas tímidas y mucha imaginación de por medio. Realmente nunca me había sucedido algo similar, y la verdad me sacó de la realidad. Todo coincidió perfectamente, se nos vino el verano, estación del año que se presta a muchas situaciones un tanto (qué digo tanto, a demasiadas) calientes. Y creo que fue la mejor forma de conocerlo, y para qué engañarme: jamás había logrado "morirme" con alguien de una manera tan alucinante, tan genial, tan inusitada, tan animal que hasta ahora me mueve.


Todo resultaba tan perfecto, y puede ser posible porque recién lo estaba conociendo y que no le veía defectos. Sí, puede ser. Sin embargo, todos esos momentos un tanto carnales no se quedaron en ese nivel, sino que lograron que mis pupilas permanecieran quietas a su humanidad. A esa fuerte espalda, a ese negro cabello y suaves y tan mordibles labios. Por meses permanecí prendida a esa imagen, y cada día encontraba nuevos detalles que me hicieron romper esa pared que llevaba conmigo durante muchos años: el no poder decir "me encantas" cuando me moría de deseo, el no poder decir "eres precioso" cuando me enternecía. Y todo por temor a ser rechazada, pero con él este miedo tonto se fue y nunca jamás regreso. Tuve una lluvia de frases y palabras hacia él que tan sólo un bebé encantador podía sacarme.

Hasta que llegó el día en que encontré un alfiler excesivamente punzante que me hicieron dejar de decir estas cosas, a pesar que las sentía y posiblemente en mayor intensidad. Y esperé actitudes novedosas de su parte, que sólo algunas veces encontraba. Hasta que viajamos a una ciudad preciosa al norte de mi usual estadía, y me volví a enamorar, esta vez con seguridad que él sería la última persona a quién tendría, y obviamente con un grado mayor de madurez.

La relación anduvo pisando espinas. Un día yo estaba perfecta y él no, otro día él era un mago y yo una paria. Anduvimos en un juego tonto, pero seguíamos funcionando en otros contextos, y a pesar de todo, jamás dejé de pensarlo como mi único destino al final del día. Nos enredamos también, nos amamos otras veces, y yo por mi parte me comporté muchas veces erradamente. ¿Por qué? Porque sólo veía un punto de referencia y él veía otro, y nunca nos entendíamos, pero no porque eramos incompatibles, sino que simplemente hablábamos de cosas distintas.

Ahora lo entiendo, y comprendo a la perfección, y siento que encontré "el dorado" de nuestra relación. Pero por razones que no sé, no tengo esa oportunidad para actuar en buenas condiciones, porque todo lo que pasó fue en condiciones anormales y no porque él y yo seamos así.

En estas últimas horas he sentido una mezcla de angustia, deseo, tristeza, sorpresa pero sobretodo esperanza. Esperanza en que él resolverá esos asuntos, romperá esa pared, cambiará de idea sobre mí, para retornar. Sin embargo, sé que tengo que esperar y lo haré, quizás muchos días o probablemente meses, pero así fuera una década, yo permaneceré en una silla mirando esa cuadradito amarillo que se aproxima, y en dónde detrás de esa luz, se encontrará él en una versión remasterizada y esta vez para quedarse por fin. Porque en este estado, y hablo de mí en este momento, todos sus errores hacia mi, de un modo casi mágico se esfumaron, se largaron por fin, y no porque ahora se me antoje decirlo, sino porque sin él mi vida anda coja y esa movida que me ha dejado su partida los ha hecho dejar de existir.


Y si no es así, pues tengo la certeza que mi persona lo volverá a cautivar nuevamente sin que nos demos cuanta nuevamente, y quizás la primavera del 2006 me puso a Jesús en mi camino y esta primavera me lo quita, sin embargo esperaré a algún verano a reconquistarte, porque así lo quiero y es lo único que me hará andar desde hoy.



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