17.8.10

Un poco de todo y mucho de nada

Tienes un saco lleno de objetos hermosos, dulces selectos y algunos papeles rotos,
disfrutar de las consecuencias que traería abrir ese saco sola sería sumamente egoísta,
entonces te dispones a abrirlo y saber qué lleva adentro para poder compartirlo luego.

Dentro hay un objeto casi redondo y luminoso,
entonces recuerdas que a esa persona le encantaría descubrirlo por su cuenta,
sería feliz admirándolo,
pero sabes que te sentirías mucho más completa al escuchar su voz de exclamación,
de felicidad, de gusto,
entonces lo guardas cuidadosamente para esa ocasión.

Ahora encuentras una pequeña caja,
la abres,
y se escapan algunos sollozos y gritos,
te asustas de sólo recordarlos,
entonces imaginas a esta misma persona preguntando si el dueño de esta voz se encuentra bien ahora,
tu respuesta inmediata se dará mediante una sonrisa complaciente.

Finalmente, mientras idealizas cada situación
imaginas que esta persona te descubrió,
imaginas que llega de pronto
rompe con cada idea y te pone en la realidad con un:
¿Cómo te ha ido?

Tu saco cae,
tú te encuentras desnuda
sin tiempo a cubrirte de la emoción,
esta persona te abraza y se hacen grandes juntas.

Ya no importa saber si le gustarán esos objetos
y descubres que aún no es tiempo para sentir ese gran abrazo.

Hoy no habrán preguntas acerca del tiempo,
sólo querer su bienestar
y por este lado, seguir andando,
de la excelente manera que se ha conseguido vivir,
de la única forma que no fue fácil imaginar.

Y mañana, el amor

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