los brazos caídos sobre el frío
y el filo de los labios secos de esperar.
El segundo que ya pasó
y está pasando.
(La intriga del mañana
y el desasosiego de la rutina
se confabulan
y estropean los sueños)
El cuerpo que cobra más peso
y este que cae debajo de la cama,
mientras la vida se detiene,
cuando se cierran las ventanas al dormir:
Caer, caer y flotar,
reanudar la vida en otra,
ahora es cotidiano.
Dejar de existir en el presente
para revivir en el mañana,
es lo consecuente.
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