25.10.10

Paso 1: La nostalgia

He notado que soy de las personas que viven de la nostalgia que guardan los recuerdos, de eso que muchos llaman, la buena época, a pesar que sólo tenga un poco más de veinte años viviendo.

Y esto se refuerza más aún, porque de los seres más próximos que tengo, muchos de ellos suelen tener el mismo modus operandi con respecto a esta monotonía que se ha vuelto vivir. Y bueno, compartimos, por así decirlo, esa nostalgia a esas pequeñas cosas.

Es eso, o que el estrés de una vida tan agitada- llamémosle agitada a la vida de ciudad, tan llena de vacíos, tan consumista, tan desordenada y desequilibrada, y eso que poco he vivido aún- me hace extrañar ese instante en dónde vivía mi mundo, y donde la felicidad se encontraba en una leche asada o en el ronroneo de mi gata.

Antes había tiempo para convivir, tiempo para sentarse todo una tarde en un parque y no hacer otra cosa distinta a conversar. Existía la dedicación para admirar objetos tan simples como esos que se hacen con pastilina, o la emoción de abrir por primera vez la cartuchera en el primer día de clases.

Existen tantos detalles, de todos aquellos buenos y malos recuerdos, que podría enumerar sin cansarme tan sólo por el gusto de hacerlo. Afortunadamente, estos tienen su propio espacio en esa la despensa que es mi mente. Ordenados de tal forma, que no me es complicado encontrarlos.
Recuerdos que viven flotando y que capturo nuevamente en los instantes en que la luz no me llega. Recuerdos que premiten encontrarme conmigo misma, mientras los días se apuran en ser.

Paso 2: Hacer recuerdos...

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