5.7.11

Nunca es tarde para regresar

De pequeña siempre me rondaba la idea o quizás el sueño de escribir y cantar mis propias canciones. Realmente alucinaba con eso, cada vez que no había nadie alrededor, o cuando me perdía creyendo que en cualquier momento iba a despertar de un sueño que ya llevaba mucho tiempo soñando.

Sin embargo, mi tarea quedó a medias, porque (des)afortunadamente no nací con el don de una voz melodiosa. Igual, insistí y escribí muchas letras, borré muchas otras, amé sólo un par. Total, a mis trece años soñaba demasiado, ni pensaba en la posibilidad de que algo no sucediera como me lo imaginaba. Soñaba en que todo mejoraría y tendría la familia de comerciales de cereales, que todo eso era momentáneo, una crisis, como escuché por allí. Sí, era demasiado optimista, vivía enamorada de mi cabello, de mis piernas largas (claro, luego crecí y fui más proporcional), de mi letra Palmer, de mi perfección para tender mi cama, de mi gata de ojos verdes... De todo esto escribí en las hojas sobrantes de un cuaderno del colegio.

Claro está que las cosas que pasaron luego, me hicieron perder esa manera de ser que he comenzado a extrañar ahora...Pero cómo ha tenido que pasar diez años para darme cuenta que yo misma había cambiado tanto. Me lo seguiré preguntando estos días, e intentaré rehacerme con pedazos que han quedado en ese cuaderno barato y con todo aquello que sirva.

Por cierto, agradezco a estas dos mujeres, que con sus letras tan simples y cursis, me ha recordado el cómo era yo, y el cómo quizá debería ser ahora.

No hay comentarios.: